12 de octubre de 2019

olivenza


puerta de los ángeles, olivenza


puerta de alconchel, olivenza


puerta de san sebastián, olivenza


castillo de olivenza



Situación: El Castillo de Olivenza se encuentra en la localidad del mismo nombre, provincia de Badajoz.
Historia: En 1228, el castillo fue recuperado por los templarios de las manos musulmanas. A lo largo del siglo XIII, alternó etapas de dominio portugués con español. En el siglo XVI, por el crecimiento que experimentaba la población, se amplió su perímetro. En 1801, se convirtió en plaza española y, en 1811, los franceses se hicieron con ella, pero fue nuevamente reconquistada: primero por los anglo-portugueses y luego por los españoles.
Es curiosa la inscripción que nos aparece en una lápida colocada hoy en el Ayuntamiento. Esta inscripción surgió con el rey portugués Don Dionis después de que la plaza fuera abandonada por la Orden del Temple en 1306. Hace referencia a la fecha en que fue construido el castillo y al nombre de quien lo mandó edificar.
Descripción: Como elementos defensivos, destacan sus enormes y recias torres sin apenas vanos y con pequeñas aspilleras desde donde se disparaban las flechas. La muralla, del siglo XIV, protegía de la amenaza exterior. Sus muros se caracterizan por su enorme grosor y altura. No hay almenas en los muros pero sí aparecen matacanes defensivos en sus torres.
La torre del homenaje la mandó construir Juan II. Tiene 36 m de longitud y 18 m de lado. Se accede a ella por medio de 17 rampas con cubierta de bóveda. Presenta tres pisos de los cuales destaca el último por su decoración con capiteles y por sus ornamentos arquitectónicos. En la parte superior, se sitúa la terraza con matacanes.
Esta construcción tuvo tres puertas. Destaca la puerta de Alconchel que está formada por dos torreones circulares que enmarcan una puerta con arco de medio punto abovedado; no aparecen elementos decorativos. Otra puerta es la del Calvario que presenta arco de medio punto y que está rematada en un frontón partido en su parte central para albergar elementos ornamentales.
Materiales: Los muros del edificio están hechos en mampostería y los ángulos en sillares bien trabajados y perfectamente escuadrados; esto nos permite distinguir claramente una parte de la otra. El material utilizado es la piedra; sin embargo, en algunas partes del edificio, este material se alterna con el ladrillo que es de clara reminiscencia árabe.
Estado de conservación: A pesar de los avatares históricos que ha tenido pasando de manos portuguesas a españolas y viceversa, el estado en que se encuentra el edificio es bueno. Durante el siglo XIX. En 1975, se abordó su restauración para conseguir la imagen que había tenido en tiempos pasados y para convertirlo en el museo de la ciudad.

calle avelino palma brioa, olivenza


8 de octubre de 2019

teatro romano, medellín



El teatro romano de Medellín se localiza en la ladera sur del Cerro del Castillo, dentro de los límites de un importante yacimiento arqueológico cuyos orígenes se remontan al Bronce Final y el período Orientalizante.
Las intervenciones arqueológicas desarrolladas en su recinto desde el año 2007 han sacado a la luz detalles de la estructura de su graderío y escenario, recuperándose además una gran cantidad de elementos decorativos, como el opus sectile del frons pulpite, elementos de su columnatio y varias piezas escultóricas.
Los materiales, técnicas y decoraciones utilizados en su construcción han permitido fechar su erección en época tardo-republicana o protoaugustea, detectándose reformas posteriores de época claudia y del siglo II.
Aunque el estado de conservación del graderío del teatro resulta excepcional, la situación de su muro perimetral exterior es irregular, habiendo desaparecido gran parte de su sección y presentando grandes roturas en los lugares en los que se ubican las puertas de acceso. La fuerte pendiente de la ladera en que se asienta este monumento ha hecho que las aguas de lluvia y los materiales arrastrados por ella hayan erosionado los muros. En consecuencia, tales erosiones han provocado la disolución de sus morteros, la aparición de depósitos de sales así como también profundas pérdidas en su mampostería.
Por su parte, el conjunto del frons scenae se ha derrumbado, lo cual no ha evitado rescatar buena parte de los elementos que lo constituían, tales como las columnas y esculturas ya mencionadas.
No obstante, la impresión general ofrecida por el monumento resulta muy atractiva y sugerente pues a la excepcionalidad de las partes conservadas cabe sumar su sorprendente ubicación, justo debajo del castillo medieval y al mismo tiempo elevado detrás de una iglesia datada en el siglo XIII, todo lo cual conforma una interesante impresión escénica donde formas y volúmenes de diferentes épocas y estilos se superponen en una alineación que pudiera parecer intencional aunque en realidad obedece a la casualidad.
Es preciso señalar que la mayoría de las columnas que se han recuperado conservan el estuco que las recubría a modo de decoración. Este detalle resulta extraordinario (el estuco es un material bastante vulnerable), máxime teniendo en cuenta que las piezas han permanecido entorno a dieciséis siglos enterradas. Así pues, hoy se puede apreciar las dinámicas acanaladuras y la delicada decoración que revisten los fustes y capiteles jónicos, todos ellos labrados en granito. Entre las esculturas desenterradas merecen especial mención dos estatuas femeninas de mármol, togadas, tratadas con una exquisita técnica de paño mojado y además una esfinge, fabricada con el mismo material.
Justo detrás del frente escénico (frons scenae) Se ha documentado una calzada cuyo enlosado todavía se conserva, así como también la cloaca que discurre bajo aquélla. Por otro lado, junto al acceso occidental del teatro se abre un amplio recibidor, llamado versura, desde el que arranca el pórtico columnado que acompañaba el trazado de la referida calzada. De este pórtico sólo se conservan las partes inferiores de las ciclópeas columnas que lo soportaban. Además, resaltar la presencia de un colosal muro anejo perpendicularmente a la pared exterior del teatro y cuya función consistía en soportar el peso de la planicie extendida en un nivel superior. Esta estructura se debe a la organización aterrazada que conoció el urbanismo romano desarrollado en la ladera del Cerro del Castillo.
En cuanto a las restantes partes del teatro, mencionamos en primer lugar el propio escenario, reconstruido con fidelidad al original atendiendo a los restos de madera carbonizada hallados en el lugar. Debajo de este espacio se abren las oquedades destinadas a alojar los mecanismos que manipulaban la tramoya asociada a la puesta en escena de la obra. Delimitando el escenario se encuentra el frons pulpiti. Este murete (en su tiempo recubierto de mármol) estaba destinado a recibir esculturas. Un amplio pasillo (itinera) separa la zona de la escena de la zona de las gradas. Ante ellas se abre la orchestra, semicírculo enlosado en mármol donde se situaba el coro. La proedia correponde a los primeros peldaños del graderío destinados al acomodo de los patricios quienes se sentaban en butacas sobre el granito cubierto de mármol. Ambos detalles, exclusivos de esta parte del graderío, denotan el aspecto lujoso de la proedia. A continuación se eleva la ima Cavea, ocho primeros peldaños de las gradas, para las personas del estamento militar. En su centro se incrusta el sacrarium espacio reservado para los cultos o colocación de figuras religiosas. Más arriba, se despliega la media cavea, ocho siguientes escalones, donde se sentaban el resto de ciudadanos libres. Finalmente, la summa cavea, hoy desaparecida, de menor capacidad, estaba construida en la zona superior y sus gradas alojaban a los esclavos y a las mujeres no patricias.
Todo para acoger a un total de entorno a 1700 espectadores.

castillo de medellín




Situación: La fortaleza de Medellín se alza sobre un cerro elevado inmediato a la ribera izquierda, la meridional, del río Guadiana, en la localidad de Medellín, en la zona norte de la provincia de Badajoz, cerca de las localidades de Castilnovo, Mérida, Magacela o Alange, en la confluencia de los caminos entre la romana Mérida y la zona de La Serena.
Historia: En el año 74, un campamento romano dio origen a la ciudad. Los testimonios literarios de la época musulmana son considerablemente antiguos, como los realizados por Al-Bakrí en el siglo X, o Al-Idrisi en el XII, diciendo que estaba su castillo muy bien poblado. Pasó de manos árabes a cristianas hasta su conquista definitiva por Fernando III en 1234.
Durante el siglo XIV paso por diversas manos muy belicosas, por lo que sufrió grandes desperfectos y reformas. Pedro I el Cruel mandó destruir al castillo, por la recriminación que Alfonso de Alburquerque, alcalde del mismo, le hizo al rey por sus amores con doña María de Padilla, siendo de esta manera infiel a su esposa doña Leonor de Aragón. En 1357 Enrique II construyó el actual castillo, pero su configuración definitiva se produce a lo largo de la segunda mitad del siglo XV, fecha en la que se aprovechan algunos recursos existentes de etapa anterior y se incorporan otros del momento, siendo su dueño el Conde de Medellín, Don Rodrigo Portocarrero, a quien debe corresponder el escudo jaquelado situado sobre la puerta gótica del lado occidental, con una tipología propia de mediados del siglo XV, y luego su viuda doña Beatriz Portocarrero.
Durante el gobierno de esta señora, especialmente belicosa, el castillo de Medellín se vió inmerso en un buen número de enfrentamientos armados por tomar partido al lado de la Beltraneja en los conflictos sucesorios a la Corona, entre Isabel la Católica y Juana la Beltraneja, entre 1475 y 1479, en los que también participó gran parte de la nobleza extremeña, como había ocurrido poco antes en los enfrentamientos entre Enrique IV y su hermano el Infante Don Alfonso. Por eso en estos años son justificables las distintas obras realizadas en la fortaleza para mejorar sus condiciones defensivas y de habitabilidad.
Varias veces sirvió de residencia a reyes portugueses por encontrarse de paso al país vecino. También sirvió como cementerio durante mucho tiempo.
Descripción: El castillo tiene forma alargada y se adapta al terreno donde se encuentra ubicado. Está formado por un cuerpo principal dividido interiormente en dos mitades por una muralla diafragma, flanqueado todo a su alrededor por un muro con cuatro cubos y dos torres en forma de prisma que son las que dividen el recinto en dos. El edificio tenía cuatro accesos pero únicamente se conservan dos, uno con arco de medio punto y otro con arco apuntado. Destacan también las dos portadas, una en forma de recodo y la otra de túnel.
El cuerpo principal de la estructura está configurado por varios lienzos planos que en su conjunto dibujan una forma oblonga dividida en dos partes a causa de la disposición transversal de una muralla diafragma en el medio. Alrededor existe otro recinto paralelo a modo de barbacana o antemuralla, pero colocado a escasos metros de la principal, aunque no se conserva en toda su extensión sí lo suficiente para comprobar su existencia y, sobre todo, para apreciar los interesantes sistemas de seguridad en los accesos, formados por torres y baluartes que se disponen en el medio de los flancos septentrional y meridional respectivamente. La estuctura de la puerta meridional fue realizada a comienzos del siglo XVI por iniciativa de Juan Portocarrero.
Entre los elementos más significativos y monumentales cabe señalar las dos altas torres que se elevan en el centro de los flancos norte y sur del cuerpo principal, ambas con interesantes sistemas de comunicación a base de escaleras y conductos que ponen en contacto las distintas plantas de sendas torres y los adarves de los muros contiguos así como con la muralla diafragma que, precisamente, divide el interior del castillo en dos partes, extendiéndose entre estas dos torres.
La muralla diafragma es un recurso que permite fragmentar o compartimentar el interior del castillo para facilitar su defensa en caso de necesidad, pero al mismo tiempo permite la circulación interior de sus defensores, tanto desde lo alto a través de un andén, como en la parte interior del mismo ya que cuenta con un pasillo o corredor dentro del muro. Tiene una tipología propia del último tercio del siglo XV, especialmente acusada en las dos torrecillas semicilíndricas o escaraguitas que se alzan en cada lado, sobre ménsulas escalonadas en redondo, habituales en los castillos señoriales de estas fechas, como otros detalles de la fortaleza, troneras, arcos conopiales y demás elementos.
De la época musulmana de este castillo se conservan escasísimos restos aunque muy interesantes, como e alibe hispano-musulmán espléndidamente conservado, constituido con dos naves con una columna al medio, de donde arrancan dos arcos que sirven de apoyo de las dos bóvedas de cañón correspondientes a las dos naves.
Materiales: La materia prima que se utilizó, tanto en el castillo como en la muralla, es la piedra. Se construyeron dos estructuras paralelas en mampostería, es decir, piedras escasa o nulamente trabajadas, y en sillarejo y sillares, es decir, piedras elaboradas de una forma más precisa.
Estado de conservación: Esta soberbia construcción defensiva sirvió durante muchos años como cementerio hasta que, en época reciente, se ha restaurado y se le ha devuelto su carácter de fortaleza. Muchos de sus entramados arquitectónicos primitivos se han perdido pero aún conserva sus esquemas defensivos que muestran la función protectora que ejercía en otros tiempos.

puente de los austrias, medellín


Esta magnífica obra de veinte ojos y cuatrocientos metros de longitud representa el tercer puente que el vado habría de conocer. El primero de aquéllos, de época romana, fue destruido por una riada anterior a 1525. Un segundo, de traza renacentista, vino a ser erigido en 1575, pero fue devastado a su vez por una nueva crecida del Guadiana en 1603. El puente que hoy se contempla data de 1630, como atestigua un interesante templete hacia la mitad de su trayecto. Con todo, todavía es posible distinguir en ambas orillas los restos de los dos puentes que le precedieron.

6 de octubre de 2019

acueducto de los milagros, mérida




arco de trajano, mérida



Ni es un arco triunfal, ni estuvo dedicado a la figura del famoso emperador Hispano. Fue la monumental puerta de acceso al espacio sagrado (temenos) que circundaba a un gigantesco templo de culto imperial. Todo el conjunto estaba cercado por un pórtico. Este templo, a su vez, quedaba englobado en el conjunto del foro provincial, donde nos consta la existencia de otro templo dedicado a la Concordia de Augusto, algunas de cuyas piezas forman parte del Obelisco dedicado a la Mártir.
El arco de medio punto, que conserva una altura de 15 metros desde el arranque de las pilas, era el vano central de una puerta con tres arcos, siendo los dos laterales menores y rebajados. Toda su estructura estaba realizada en sillares de granito.
Hoy lo vemos desprovisto de todo su revestimiento de placas de mármol y de las inscripciones que a buen seguro lució. Sólo restan las molduras de los arranques de las pilas. En él concluía el eje que segmentaba la ciudad de sur a norte, el kardo maximo, del que podemos ver algunas losas, y en él se iniciaba el enlosado de la plaza pública del foro. Como curiosidad, podemos aún ver en el suelo los goznes de las puertas que cerraban esta monumental puerta.

puente romano, mérida




El nombre en época romana del río que vemos era el de Anas, al que se le añadió posteriormente el prefijo árabe Guad, que significa río. Pues bien, este río tiene un puente, o “la puente”, como decían los antiguos, uno de los más largos de la antigüedad. Es la obra que da sentido a la existencia de esta ciudad y, por su valor estratégico, un elemento crucial para el comercio y para todas las guerras que han tenido como escenario al occidente de la península.
El puente, obra de tiempos de la fundación de la Colonia, está construido en su integridad de hormigón forrado de sillares de granito, está hoy compuesto por sesenta arcos de medio punto, tiene casi ochocientos metros de largo y doce metros de alto en los puntos más elevados. Los robustos pilares sobre los que se asientan estos arcos presentan tajamares redondeados aguas arriba en aquellos tramos que podían ser más castigados por la corriente. Además, las pilas de estos tramos están perforadas con arquillos a modo de aliviaderos, con el fin de reducir la resistencia a la corriente de una obra tan robusta como es la de este puente.
Hoy se nos muestra como una obra unitaria. Las batallas y las fuertes avenidas del Guadiana dieron al traste con alguno de sus tramos, constando restauraciones desde época visigoda hasta el siglo XIX, aunque las reconstrucción más importante es la llevada a cabo en el siglo XVII, en la cual se le añadieron cinco arcos en su tramo central y sendos descendederos que nos permiten acceder a la Isla. Sin embargo, en su estado original, estaba constituido en realidad por dos puentes, unidos en la Isla por un gigantesco tajamar que, a modo de cuña colosal, partía la corriente del Guadiana en dos. El tamaño de este tajamar era tal que, sobre él, se celebraba en tiempos de la Colonia romana un mercado de ganados.

templo de diana, mérida


En realidad se trata de un Templo de Culto Imperial ubicado al fondo de una gran plaza que fue parcialmente nivelada, ya que se evidencian en algunas zonas restos de un criptopórtico. De la plaza se conservan aún lastras de mármol de su pavimentación así como los muros que la delimitaban, también los dos estanques que flanqueaban al edificio. Debió de erigirse aún bajo el poder de Augusto.
El templo, de planta rectangular, se alza sobre un alto podio de granito que concluye en molduras. Sobre él asienta la columnata cuyos tambores de granito estuvieron estucados y pintados. Esta columnata rodea todo el templo. En su frente, al sur, presenta seis columnas sobre las que asentaba el tímpano. Una escalinata, de la que sólo se conserva la subestructura, servía de acceso a la cella. En una exedra que segmentaba la escalinata puede que se ubicara el altar.
Su estado de conservación excepcional se debe a que, durante siglos, el templo sirvió de cimiento y armazón del palacio renacentista del Conde de los Corbos, del que se conservan aún algunas partes. En dicho palacio se ha habilitado un centro de interpretación que desarrolla su contenido en torno a la importancia del edificio en época romana y sus usos posteriores. Gracias a los paneles informativos, proyección, piezas originales y réplicas, es posible saber como era este edificio dedicado al culto imperial

teatro romano, mérida






El Teatro se construye bajo el patrocinio de Agripa, yerno de Augusto, a caballo entre los años 16 y 15 a.C., cuando la Colonia fue promovida como capital provincial de la Lusitania. Al igual que el edificio contiguo del Anfiteatro, el Teatro se edificó parcialmente en la ladera de un cerro, lo que abarató sustancialmente los costes de su fábrica. El resto se erigió en obra de hormigón forrada de sillares.
Aunque los romanos no eran muy aficionados al teatro, una ciudad de prestigio no podía dejar de contar con un edificio para los juegos escénicos. El de Augusta Emerita fue especialmente generoso en su cabida: unos seis mil espectadores. Éstos se distribuían de abajo a arriba según su rango social en tres sectores de gradas, caveas summa, media e ima, separados por pasillos y barreras. A todas las gradas se accedía con facilidad desde escalerillas distribuidas de manera radial por las caveas. A través de pasillos se llegaba a las puertas de acceso o vomitorios.
La deteriorada grada superior o summa cavea era lo único que emergía del edificio antes del inicio de su excavación en 1910. Al quedar arruinadas desde antiguo las bóvedas de los accesos, sólo quedaban en pié los siete cuerpos de sus gradas, lo que dio lugar a que los emeritenses bautizaran a esas ruinas como las Siete Sillas.
La cavea ima, donde se acomodaban los caballeros de la ciudad, se modificó en época de Trajano, erigiendo en su centro un espacio sagrado rodeado de una baranda de mármol. Delante de la cavea ima vemos tres gradas más anchas y bajas, donde los magistrados y sacerdotes de la ciudad disfrutaban del espectáculo sentados en sillas móviles. Aquellos accedían a sus escaños desde las grandes puertas laterales ubicadas en ambos extremos. Sobre éstas puertas se hallaban las tribunas de los magistrados que costeaban el espectáculo.
El espacio semicircular donde se ubicaba el coro, la orchestra, luce un suelo mármol fruto de una reforma tardía. Tras la orchestra se eleva el muro del proscenio, de exedras circulares y rectangulares. Sobre él se desplegaba la escena. Originalmente era un entarimado de madera bajo el que se distribuían todos los artilugios de la tramoya.
La escena se cierra con un muro de treinta metros de altura, el frons scaenae, estructurado en dos cuerpos de columnas entre la cuales podemos ver estatuas de emperadores divinizados y de dioses del mundo subterráneo. Todo se eleva sobre un podio decorado con ricos mármoles. En el frente escénico se encuentran tres vanos por los que accedían los actores al escenario. El central, la valva regia, remata en dintel sobre el que se asienta la estatua sedente de la diosa Ceres (o Livia, la mujer de Augusto, deificada). Desde la coronación del frente escénico pendería una marquesina de madera para mejorar la acústica del recinto, ya de por sí excelente.
Tras el muro del frente escénico se desarrolla un amplio jardín porticado cerrado por muros con hornacinas que fueron decoradas con estatuas de miembros de la familia imperial. En el eje de este pórtico, en línea con la valva regia y el espacio sagrado de la ima cavea, se halla la aula sacra, un pequeño espacio sagrado con una mesa de altar donde se honraba a la figura del divino Augusto.

28 de septiembre de 2019

anfiteatro romano, mérida








Erigido en el 8 a.C. como atestiguan las inscripciones halladas en sus tribunas, el Anfiteatro sirvió de escenario para espectáculos muy populares: los juegos de gladiadores, las cacerías de fieras y la lucha entre animales salvajes en escenarios artifíciales que recreaban bosques, selvas con lagunas o desiertos, todo ello sobre las grandes tarimas de madera que formaban la arena. La cabida aproximada de este coso gigantesco era de entre quince y dieciséis mil espectadores.
Contiguo al Teatro, está separado de él por una calzada que circunda ambos edificios. Con más pobreza de medios, este edificio se alzó de manera similar a la del Teatro y, como aquel, es fruto de diversas fases. Para abaratar costes, parte del graderío se asentaba sobre cajas de fábrica rellenas de tierra fuertemente apisonada. Los paramentos eran de piedra del lugar bien desbastada. En ocasiones las tongadas de los paramentos se igualaban con verdugadas de ladrillo. En los arcos de los vanos de acceso, se utilizaban sillares presentando el característico almohadillado de época augustea.
La distribución del graderío era similar a la del Teatro, aunque hoy solo se conserva bien la cavea ima y algunos sectores de la cavea media. En tres de los ejes de la elipse podemos apreciar la existencia de cuatro puertas monumentales que, desde el exterior, y a través de amplios corredores, dos de ellos escalonados, desembocaban en la arena.
En distintos tramos de cada corredor se abrían puertas que, por medio de escaleras, daban acceso al graderío. Sobre la puerta del eje menor occidental se ubicaba la tribuna de los magistrados, que no se conserva. Frente a este, en el eje oriental, se ubicaba la tribuna, que se conserva parcialmente restaurada, donde disfrutaban del espectáculo las personas que lo costeaban. A través de unas pequeñas escaleras los patrocinadores accedían a la arena.
El graderío se separaba de la arena por medio de un podio de granito, que estuvo guarnecido con losas de mármol, como demuestra la presencia de los agujeros de anclaje en los sillares del podio. Sobre esto, existió una barrera hecha con sillares de granito. En la cara que daba a la arena, estos sillares lucían pinturas alusivas a los juegos gladiatorios y a los paisajes en los que se desarrollaban.
Flanqueando las puertas de los ejes mayores, hay una serie de estancias que, o bien se usaron a modo de jaula para las fieras como de estancias donde se preparaban los gladiadores.
En la arena se aprecia la presencia de un gran foso. En él se asentaban los pilares de madera que sostenían las tarimas y, bajo las cuales, se ocultaban todos los ingenios necesarios para el desarrollo de unos espectáculos tan complejos.

27 de septiembre de 2019

hospital de santiago, zafra


zafra


castillo de zafra o alcázar de los duques de feria o palacio ducal de zafra





Situación: El Castillo de Zafra se encuentra en la localidad de Zafra, provincia de Badajoz. Zafra es una hermosa localidad extremeña localizada en un valle formado por las sierra de San Cristóbal y del Castellar, al sur de la provincia de Badajoz y cercana a la localidad pacense de Jerez de los Caballeros. Se encuentra en la línea divisoria entre Mérida y Badajoz capital. Su ubicación no está muy alejada de la línea fronteriza con Portugal.
Historia: El origen del castillo de Zafra se remonta al siglo XI. Zafra estuvo durante varios años en manos sarracenas, hasta que Fernando III la conquistó definitivamente en 1241. Posteriormente estuvo dominada por una serie de familias. Formó parte de un señorío para ser luego ducado de Feria. La familia más importante fue los Suárez de Figueroa, que ejerció una enorme actividad constructiva en la zona.
Etimológicamente, para algunos autores, la palabra Zafra proviene del árabe Safar, que hace mención al mes de junio, mes en el que se celebraban la mayoría de las Ferias de la localidad. Sin embargo, para otros autores el origen de la palabra proviene de su emplazamiento, ya que la palabra Zafra significa cerro rocoso.
Descripción: Entre sus elementos defensivos cabe destacar la muralla realizada en el siglo XV, de la cual quedan algunos restos. Existían ocho puertas de las que hoy día quedan dos. El edificio está compuesto de nueve torres que alcanzan una gran altura y se rematan en almenas. Los vanos son escasos. La torre del homenaje se encuentra en el muro opuesto a la fachada.
Lo más sorprendente de la torre del homenaje del castillo de Zafra es su forma circular, un tanto atípica en las fortalezas españolas. Ésta se alza por encima de las demás, destacando por su tamaño y fortaleza. Remata en una serie de matacanes muy bien conservados. El zócalo está decorado con pinturas que imitan los azulejos góticos.
El alcázar es de planta rectangular, con un patio con nueve torreones, la puerta de entrada y la torre del homenaje. En el siglo XVI se afronta una gran reforma dándole una forma más apropiada para residencia. La mayor reforma residirá en el patio, donde seguirá cánones del maestro Juan de Herrera, con líneas propias del renacimiento.
Materiales: La obra, en general, está realizada en mampostería, con piedras escasamente labradas, excepto algunos elementos decorativos y la portada, donde se utiliza la piedra trabajada en sillares. Se suele utilizar este sistema constructivo, en aquellas zonas que son vistosas al público, como elementos exteriores, ventanas y matacanes.
Estado de conservación: El castillo alberga actualmente el Parador Nacional de Turismo. Se encuentra en un excelente estado de conservación, aunque ha sido restaurado y habilitado para desempeñar sus funciones actuales, librando del abandono esta magnífica construcción.

23 de septiembre de 2019

castillo de burguillos del cerro




Situación: El Castillo de Burguillos del Cerro se alza sobre un cerro rocoso desde el que domina la localidad del mismo nombre, en la provincia de Badajoz.
Historia: La plaza cayó en manos de los cristianos en el tercer decenio del siglo XIII, siendo entregada por Fernando III a la Orden del Temple en el año 1238.
No se han podido identificar restos de la época musulmana, por lo que lo más antiguo que se conserva corresponde a la fortaleza templaria y, sobre todo, a los dueños que se sucedieron en el señorío desde comienzos del siglo XIV, cuando se extinguió la Orden del Temple, especialmente durante la posesión de don Alfonso Fernández Coronel, señor de Aguilar, que ostentaba el señorío sobre Burguillos y su castillo a mediados del siglo XIV, tras los templarios. Hacia el año 1374 eran sus propietarios los Vargas, y desde finales del siglo XIV hasta bien entrado el siglo XVI los Zúñiga, duques de Béjar.
Las partes más importante de lo que hoy persiste en el castillo corresponde al siglo XIV, a las que se sumaron algunos añadidos durante el siglo XV, cuando eran señores del lugar los Zúñiga.
Descripción: En la fortaleza pueden identificarse dos partes, aunque en distinto estado de conservación. En lo alto del cerro se encuentra el bloque principal de la fortaleza, el castillo propiamente dicho, de forma aproximadamente rectangular y con torres en sus esquinas, sobresaliendo la torre del homenaje. El monte se encuentra recorrido a media altura por una barbacana o antemuralla exterior.
Lo más destacado del castillo es su voluminosa torre de Homenaje, formada por un cuerpo superior retranqueado, raramente visto en Extremadura, y un cuerpo inferior más voluminoso, de cuya parte superior sobresale un gran matacán que protege la puerta de acceso. En el interior de la torre destaca la estructura de la sala del cuerpo inferior, con dos cúpulas, y la disposición escalonada de la cubierta de las escaleras que ascienden embutidas en el muro, a base de arcos o pequeños cañones de ladrillo sobre muros de piedra, en una forma similar a la que se puede ver en otras fortalezas, como la de Monfragúe, bastante alejada de ésta.
En las otras esquinas del recinto principal se levantan sendas torres, una prismática y dos redondas, configurándose en el interior un patio de armas donde se emplazaban las diversas habitaciones y cámaras de la fortaleza, así como un aljibe.
La entrada a este recinto se efectúa en un paramento de sillería a través de una atractiva puerta gótica ligeramente apuntada, sobre la que campea un escudo con una banda adragantada, protegiéndose el acceso por un poderoso matacán parecido al de la torre del homenaje, del que sólo se conservan sus cuatro grandes ménsulas y la parte inferior del pretil.
Estado de conservación: Ha sido restaurado recientemente, realizándose entre otras actuaciones un polémico muro de ladrillo visto poco acorde con el monumento.

22 de septiembre de 2019

jerez de los caballeros


castillo o alcazaba de jerez de los caballeros




Situación: El Castillo de Jerez de los Caballeros se alza sobre cerro a cuyo alrededor se extiende la localidad del mismo nombre, un alto llano que domina la vega que forma el río Ardilla, en la zona occidental de Sierra Morena, al suroeste de la provincia de Badajoz.
Historia: El origen de la localidad de Jerez de los Caballeros ha sido tema de discusión en varias ocasiones. Para algunos su origen es fenicio, aunque se han encontrado evidencias de presencia romana y visigoda. Se sabe que perteneció a los musulmanes hasta su reconquista en el año 1238, llevada a cabo por Alfonso IX con ayuda de las órdenes del Temple y de Santiago. Por su cercanía con la frontera, fue asediada por tropas de la vecina Portugal. Entre los siglos XV y XVII gozó de un gran auge y prosperidad.
Su nombre puede ser originario de la influencia que las órdenes del Temple y de Santiago ejercieron en la zona, sobre todo, la primera. Cuando se disolvió la orden en 1312, los caballeros se enfrentaron a la Corona encerrándose en el castillo. Tras una larga y sangrienta lucha, sus pertenencias pasaron a la Corona y desde entonces su torre se llama Torre Sangrienta.
Descripción: El castillo es de forma pentagonal. Destaca la muralla que protegía a la villa de ataques exteriores. Ésta presenta torres semicirculares rematadas en almenas que se han ido reconstruyendo en épocas actuales.
De todas las torres que surcan el edificio, la torre del homenaje es la que destaca por su tamaño y solidez. Está asentada en un desnivel con respecto al pueblo. Presenta dos vanos y una pequeña aspillera defensiva para disparar las flechas y los dardos a los enemigos. Su cornisa se remata en una estructura almenada que ha sido restaurada hace poco tiempo. En su interior aparece una bóveda de cañón apuntado.
En sus orígenes la muralla tuvo seis puertas, aunque hoy en día sólo se conservan cuatro: la puerta de la Villa, que tiene tres arcos, la puerta de Burgos, que presenta almenas en forma de pirámide, la puerta de Santiago y la puerta de Alconchel. Estas dos últimas, desgraciadamente, no se mantienen en su totalidad.
Materiales: Tanto para la muralla como para el castillo se utiliza la piedra. En la muralla se emplean piedras de pequeño tamaño unidas por cal y arena y en el castillo se utiliza la mampostería, es decir, piedra escasamente labrada. Los ángulos de la edificación están hechos con sillares bien trabajados. Esto hace que se forme un claro contraste entre los muros y las esquinas.
Estado de conservación: El castillo se ha mantenido bastante bien a pesar de los asedios que ha sufrido a lo largo de su historia. Se han restaurado las almenas casi en su totalidad, quedando un conjunto de enorme belleza. El recinto ha ejercido distintas funciones, la más sorprendente es que sirvió de mercado de abastos hasta 1950.